21 Dic 2009
Asturias, el espíritu de la fiesta en África.Desde luego es impresionante como puedes detonar la más absoluta euforia en una cultura radicalmente distinta, simplemente haciendo de tu cultura propia un canalizador de buen rollo, eso si, se necesita mucho valor y mucha cara. Estas dos herramientas, o armas, o recursos, son los que hace un par de noches le sobró Gloria, a una malagueña de nacimiento, afincada en Oviedo y que está preparando un programa de televisión a medio camino entre Españoles por el mundo y el follonero, creo que podría llamarse algo así como folloneros asturianos por el mundo. El tema es que la amiga, vestida con el traje tradicional, se subió al escenario en medio de un concierto de grupos de la zona en la parte vieja de Bissau. Un auditorio local de entre 400 y 500 personas, que no terminaban de arrancar con los ritmos locales, se soltó la melena al viento con los puxa Bissau, puxa Asturias de la buena amiga vestida de maña. Cuando el auditorio estaba volcado como no lo estuvo en toda la noche, después de que arrebatase el escenario a un reconocido cantante local, ciego, al que despejó del escenario al grito a micro abierto de “gracias king África”, cuando el agradecido público de Bissau ya no cabía en si mismo y para rematar la faena, se puso a cantar la canción de Víctor Manuel de “Asturias” épico valuarte de la tristeza del pueblo minero asturiano, típica canción emotiva para entonar en un momento de profunda reflexión humana. Bueno este tema cantado a pulmón, contraje regional, sin música de acompañamiento y que abría terminado con cualquier fiesta que se precie, todavía enalteció más y más a las masas de Bissau que aplaudían, vitoreaban y bailaban el son de tan, como decirlo, “alegre tema”. Pues si, por fin el público estuvo de subidón gracias a la intervención espontánea de una malagueño-asturiana follonera, que desde luego se convirtió por unos instantes en el centro de todas las miradas de Bissau, eso lo puedo verificar, porque nada se ve más en la oscuridad que los ojos abiertos como platos de los paisanos de Guinea Bissau y del resto de África. Bueno mientras la fiesta se animaba, en medio de esa multitud, tardé un poco en bajar mi ego que había subido por un manoseo constante de mi culo y mis piernas, e incluso otros lugares que me reservo. Mi primer pensamiento fue “claro, como estoy bueno como un queso, alguna, o varias, me están metiendo mano”, menos mal que no terminé de creérmelo del todo y me di cuenta que el manoseo no pretendía nada sexual, más bien económico, me estaban intentando robar mientras yo lo daba todo gritando ¡¡¡puxa Asturias!!!!
17 Dic 2009
No te metas donde no debes.Lo bueno de la fotografía digital es que, una vez realizada la primera inversión en la cámara, el resto es gratis, me refiero que no es como las de película, que tenías que pensarte muy bien qué foto disparabas porque eso después te iba a costar las pelas, con la foto digital tienes vía libre para inmortalizarlo todo, almacenarlo y no volver a verlo hasta que un día te de por abrir la carpeta de aquel viaje que hiciste. Pero mientras las fotos se quedan en la carpeta correspondiente me he puesto a ver los 7Gb que ya llevo disparados, muchas son en las zonas rurales en las que he estado trabajando, a medio camino entre la recogida de información, el intento de desarrollar mi poco arte de fotógrafo y el espíritu turistero que todos tenemos. El caso es que en esa revisión de 7Gb he podido constatar algo que ya sabía, algo que he hablado con compañeros y algo que me había dado cuenta desde el principio del viaje, y no es otra cosa que la pecha de curra que se dan aquí las mujeres (como en muchos otros sitios) pero ahora estoy aquí. El tema es que tengo fotos de mujeres pescando sumergidas en los ríos, fotos de mujeres inclinadas sobre los campos cosechando, fotos de mujeres caminando por carreteras infinitas con mercancías enormes sobre sus cabezas, fotos de mujeres sentadas a pié de calle vendiendo las más variadas mercancías, fotos de mujeres afanándose en lavar a sus hijos con los barreños de agua que han traído desde la fuente por supuesto sobre la cabeza, fotos de mujeres preparando la comida sobre hogueras que previamente han encendido, fotos de mujeres sentadas en reuniones de trabajo con los brancos pelele de las ONGD internacionales que estamos especialmente interesados en que asistan por el bien de la equidad de genero, fotos de mujeres sacando agua de los pozos con bombas manuales como si los miles de millones de la cooperación no diesen para sistemas menos fatigosos, fotos de mujeres que elevan sobre sus cabezas durante horas el pesado tronco del pilón con el que muelen los cereales, fotos de mujeres que mientras hacen todo esto soportan a un branco pelele que las fotografía por el bien del desarrollo de su comunidad sin preguntarles si realmente quieren ser fotografiadas en su que hacer diario, si realmente quieren ser retratadas llenas del barro de los manglares, con los pies destrozados, con las manos endurecidas por las interminables horas de trabajo desde que son niñas. El branco pelele no pregunta si no les gustaría por unos momentos ser princesas, si les gustaría poder tener el tiempo y los recursos para ponerse guapas, para pasar por el salón de belleza, para vestir las mejores ropas y para ser retratadas como las mujeres lindas de las revistas. No se lo pregunta el branco pelele, no se lo preguntan los hombres que sentados discuten los temas importantes de la comunidad, tampoco se lo preguntan ellas, o quizás si. En África las mujeres trabajan de sol a sol, desde que son niñas hasta que se mueren, y aún así encuentran tiempo para regalar una sonrisa de princesa al branco pelele de la cámara, que solo les ha dado la oportunidad de sonreír un instante antes de que continuen trabajando y trabajando. Bueno pasado este momento de reflexión en la oscuridad de la noche, quiero contaros que desde el sentido del humor que me caracteriza, he intentado dar un giro copernicano a la situación de la mujer en África, por lo menos en una comunidad donde me puede reunir con casi la totalidad de sus habitantes, hombres y mujeres. Una de las partes de estas reuniones es escuchar cuales son las problemáticas de la comunidad y como sugieren que los de las ONGD podemos apoyarles y ayudarles a mejorar su situación. En este intercambio de información las mujeres se quejaban de diferentes cuestiones, pero especialmente relataban con tristeza en los ojos lo duro que es trabajar el pilón, que es cuando muelen los cereales elevando a dos manos un pesado tronco y haciéndolo caer sobre el cuenco en el que están el arroz, el mijo u otros, esta es una imagen característica en África. Por el momento no se ha desarrollado ningún glorioso invento accesible para familias tan pobres que mejore esta situación, salvo la instalación de máquinas comunitarias, pero estas máquinas son costosas, y no terminaría de quitar el trabajo domestico del pilón. Pues bien, después de escuchar las numerosas quejas sobre la esclavitud de la mujer hacia el pilón, y sin ningún invento técnico en la cartera, en una maniobra propia de mi, ofrecí a toda la comunidad una opción para reducir a la mitad el tiempo que las mujeres pasan esclavizadas por el famoso pilón; “¿por qué no se turnan con los hombres y cada uno hace la mitad del trabajo?” , no tengo palabras para describir las miradas fulminantes de ellos, las miradas resignadas de ellas y el resoplo de mi socio local mientras el más absoluto silencio se apoderaba de la reunión. Bueno, tenía que intentarlo, quién sabe, si hubiese salido bien habría dado algunas conferencias sobre introducción de técnicas de organización del trabajo en el medio rural africano, a 100 eruritos la hora en las universidades más punteras del plan Bolonia,
12 Dic 2009
Los chinos no son la explicación.Recorrer un país en autobús te da una privilegiada butaca de espectador desde la que poder observar la vida cotidiana de las personas, cazando momentos que duran menos en función de la influencia que el chofer del vehículo tenga de Fernando Alonso. En el caso del autobús que me devolvió desde Gabú, hasta la capital, esas influencias solo eran importantes cuando otro autobús que hacía la misma ruta nos alcanzaba o viceversa, en ese momento el autobusero, jaleado por su ayudante y con exclamaciones que interpreté como de apoyo por parte del resto del pasaje, a excepción de mis repetidos “su puta madre” que en más de una ocasión pasaron de mi mente a una sonora exclamación que nadie parecía entender, justo en ese instante donde lo que debería primar es la prudencia, ambos conductores iniciaban una carrera de cuadrigas para adelantarse y gritarse cosas entre risas por la ventanilla, todo esto acompañado de señales incomprensibles con la mano que hacía que la maniobra, en su mayor parte, se realizara con la otra mano cogiendo el volante, cuando no atendiendo el móvil. El espíritu de competición es inherente al ser humano. El autobús, además de no ganar para sustos, te permite esa observación rápida de la vida de la gente, ves todo tipo de circunstancias que te llaman la atención, pero en este animado trayecto, a lo largo de esas interminables rectas, flanqueadas por personas que caminan cargadas de cosas dirección a quién sabe donde, en medio de esos paisajes todavía verdes después de la época de lluvias, me llamó la atención un hombre que caminaba decidido con uno de esos pasamontañas de pista de esquí pirenaica con borla en lo alto y de un llamativo color rojo que contrastaba sobre el verde de los campos. De principio solo fue el impacto visual del contraste, claro también pensé en el calor que tenía que estar pasando, pero ese tipo de cosas no son freno para la estética innovadora en estos lugares. De repente en esa recta kilométrica apareció otro hombre con el mismo pasamontañas rojo con borla que el anterior, esto ya me llamó más la atención, el tema es que comenzaron a aparecer hombres caminando por la carretera con la misma prenda en el cabeza, algunos en grupo, otros en solitario, y definitivamente me puse a sacar conclusiones sobre la presencia masiva de dicha prenda. Me he acostumbrado a vivir en un mundo globalizado, donde lo que sucede en una parte del mundo repercute en el rincón más escondido, por lo tanto tengo una capacidad de análisis global que encadena rápidamente sucesos concretos con sus antecedentes globales. Esta, llamémosle, “habilidad” fue la que rápidamente me hizo concluir que la presencia de dicha prenda en la cabeza de los hombres de la zona se debía a la expansión que los comerciantes chinos de “todo a un euro” tienen por el mundo, y también en África, donde cada vez hay más comercios de este tipo. Dado el primer paso deductivo, concluí que en esa zona algún comerciante chino había traído en sus contenedores de mercancía, desde algún puerto comercial de Asia hasta el caótico puerto de Bissau, entre los ambientadores y cacharros varios, una partida de saldo de dichos pasamontañas rojo chillón con borla, los cuales a un precio muy competitivo habían tenido gran aceptación entre los hombres de la zona, sin importar el solano sobre sus cabezas. “eso es asín” que dirían en mi tierra, hay me quedé, satisfecho con mi análisis del mercado comercial chino y su incidencia en África, y para terminar de contrastar dicho análisis (como si hiciera falta contrastarlo) me dio por preguntar en la noche a un colega que lleva ya tiempo en la zona. Respuesta “son hombres pertenecientes a la etnia de los Balantas, que después de la ceremonia de iniciación, como signo de reconocimiento y respeto llevan el gorro rojo”, a lo que rápidamente añadí “mu bien, pero se lo compran a los chinos, ¿no?”
08 Dic 2009
Cuesta abajo de ida y vuelta.Supongo que pasearse por un país de supersticiones y hechiceros hace que de alguna forma te encuentres con situaciones que podríamos calificar de, como mínimo, llamativas. Por supuesto no me refiero a tres o cuatro copas y situaciones llamativas, que son normales en esas circunstancias, me refiero a nada de copas y situaciones “llamativas”,”extrañas”,”anormales”, “paranormales”, “para anormales”, tipo cuarto milenio. Bueno lo que tiene ir a identificar a una isla paradisíaca, pequeñita, y tranquila, para colmo en fin de semana, es que una vez pasado el ritual de reuniones y visitas diversas, siempre se puede buscar un ratito para perderse y conocer los rincones secretos de dicho paraíso. Así fue y así lo hice, además de forma ecológica y sana, en bicicleta, una travesía de norte a sur de la isla, por una carretera en considerable buen estado (100 agujeros por kilómetro), con destino a una playa que prometía ser espectacular, y desde luego lo era, no solo la playa, también la llegada a la playa. Después de 18 km de pedaleo en solitario, sin coches, saludando cortésmente a las pocas personas que me encontraba caminando por dicha carretera, y provocando entre los niños de la zona la exclamación del grito de guerra ante la aparición de un blanco en bicicleta (“branco pelele”), cuando ya empezaba a dudar de la existencia de dicha playa, y de la resistencia de la bicicleta, de repente, la carretera terminó entre una cortina de árboles, sobre la arena de la playa, sobre la inmensidad de una playa de varios kilómetros vacía, solitaria, exuberante, mística. Me caí de la bicicleta que se quedó clavada en la arena de esa playa para mi solo. Conseguido el objetivo de la llegada, y viendo que el sol empezaba a caer sin remedio, procedí al ritual del baño, con mucho cuidadito, ya que varias personas me advirtieron de de la presencia de rayas que tienen la mala costumbre de picar al bañista branco pelele (algunos detallaron la predilección por la picadura en las partes íntimas, que en el caso de los locales supone una superficie considerable, y en mi caso se limita a cumplir con el estándar europeo). A estas alturas te preguntarás que parte de “llamativo”, “paranormal” hay en todo esto. Bueno, verdaderamente si has veraneado en Matalascañas lo de ver una playa kilométrica desierta ya es bastante “paranormal”, pero el temita cuarto milenio estaba en la carretera, que en la ida a la playa llegué a la conclusión de que pedaleaba tranquilamente cuesta abajo y a la vuelta de la playa también. No es coña, esa carretera era cuesta abajo en los dos sentidos, me zampé 36 kilómetros de bicicleta sin enterarme, dejaba de pedalear y aquello tiraba solo, a una velocidad bastante animada, tanto es así que me paré en algún momento para tratar de ver la pendiente. Una carretera cuesta abajo en sus dos direcciones, ¿cuestión de brujería?. Igual la explicación está en la caída del sol y las deficiencias del estándar europeo frente al despliegue local, igual mi instinto de supervivencia me hizo propulsarme de vuelta como si fuese cuesta abajo, impulsado por la no poca desalentadora idea que en mitad de la noche mi retaguardia de branco pelele sufriera el envite del excesivo estándar local. Los hechiceros siempre se han aprovechado de los miedos de la gente para imponer su dominio (la iglesia también).
07 Dic 2009
Pipis vs mosquitosYa estoy dando guerra por la tierras de Guinea Bissau, la llegada fue tranquila en un vuelo de la aerolíneas de Cabo Verde, de esos que tiene dos motores que parecen ventiladores a lo bestia. Lo cierto y verdad es que he encontrado la capital, Bissau, en mejores condiciones que cuando estuve aquí en el año 2006, de lo cual me alegro. La mejora de condiciones apreciada entre al tarde de ayer y la mañana de hoy quizás se deba, más que a una valoración cuantitativa, a la visión subjetiva que me provocaron varias cervezas y varios caipiriñas injeridos en compañía de un grupo de franceses muy apañaos con los que compartí esa “visión subjetiva de la realidad”. Bueno este no es el tema que me ha sentado delante del ordenador, los pormenores de unos tragos amigables son más o menos similares en muchos lugares del planeta, el tema de fondo está en la guerra que tienes que librar contra ese poco amigo del hombre en África que son los mosquitos. Los mosquito te reciben como una amenaza verdadera, no como las armas de destrucción masiva de Irak, es un tema serio que va desde las incomodas ronchas que te pican, hasta la malaria, pasando por el dengue y otras infecciones varias, así que no es cosa de juego y la pelea para defenderte debe ser dura. Desde luego yo en esto me he dejado sorprender, o por lo menos no he querido dejarme sorprender, aunque si me han sorprendido por culpa de no parar a leer lo que tenía que leer, que era la etiqueta del repelente de mosquitos. La batería de defensa que he puesto en funcionamiento para ganar la guerra frente al mosquito se compone de cinco elementos con sentido propio, que son; Malarone todos los días como profilaxis del paludismo, Mosiguard spray como repelente, manga larga de camisa del Decathlon, mosquitera regalo de mi hermana y espirales insecticida marca Sonata (comprado en el Mercadona). Pero con todo esto, mi línea de defensa se volvió vulnerable nada más desplegarla por no leer lo que tenía que leer, que no es otra cosa que la etiqueta del spray repelente, el famoso Mosiguard, que en un momento de “haz la maleta rápido que nos vamos” confundí por el bote de colonia para los piojos del cole de mi hija y no me he dado cuenta hasta hoy en la mañana. REPELICE, de la marca OTC, es una colonia que hace que los piojos (pipis) no se te acerquen y que además huelas bastante bien, pero de repeler mosquitos nada de nada, así que me pegue todo el día de ayer y la noche oliendo a colonia de niño chico y viendo como los mosquitos disfrutaban del sabor de mi sangre a caipiriña perfumada. Casi terminamos cantando a coro “Asturias patria querida” los mosquitos y yo debajo de la mosquitera perfumada con REPELICE, eso si piojos no tengo ni uno.